Compañía de ballet Maurice Bejart

Fallecido el 22 de noviembre (día de los músicos) de 2007, esta foto refleja la alegría del coreógrafo que podrá seguir teniendo al saber lo buena que es su compañía. Además pudimos escuchar buena música: el pájaro de fuego de Stravinsky, a Elthon John, Alban Berg, Trish-trash polca de J. Strauss, etc. Una pena que las entradas no estén al alcance de nuestro alumnado. ¡Veremos si encontramos algo en youtube!

A continuación podéis leer una breve biografía que Alberto Martínez, coreógrafo malagueño, nos ha escrito.

Maurice Béjart
Béjart será recordado como uno de los creadores más fructíferos y que, con mayor ahínco, desarrollo la danza masculina en el siglo XX. Nació en Marsella en el seno de una familia de gran cultura, hecho que determinaría su futura formación.
Maurice era delgado y de poca salud, con una ligera desviación de la columna. Se le aconsejó estudiar danza. Las primeras clases fueron terribles, su profesora le gritaba continuamente creando en él un gran complejo. Descubrió que en el cuerpo hay algo más: hay una sonrisa, unos ojos, inteligencia y cultura.
Tras probar fortuna y estudiar en la Ópera de Marsella y Monte Carlo, fue contratado finalmente en el Teatro Municipal de Vichy. Su primera intervención en un ballet fue como esclavo en Shérézade, donde salía con el torso desnudo. Después de esta experiencia, empezó a pensar que en Vichy no tenía nada que hacer y decidió marchar a París. La técnica de Béjart llegó a ser lo suficientemente buena como para bailar de solista en compañías notables como la de Roland Petit.
Como creador, la primera coreografía fue Sinfonía para un Hombre Solo, compuesta en 1955. El siguiente montaje importante fue Orphée. En 1959 Béjart al frente de su grupo Ballet Théâtre de Paris llegó a Bruselas. Se encontraba sin dinero, sin teatro y sin subvenciones. De pronto llegó la solución: una entrevista con Maurice Huisman, director del Teatro Real de la Moneda que decidió contratarlo y programar La Consagración de la Primavera. Un año más tarde Huisman pidió a Béjart que se instarla definitivamente en Bruselas y fundara una compañía de ballet estable: así nació el Ballet del Siglo XX.
Para la primera temporada se decidió hacer un homenaje a Stravinsky con dos reposiciones, La Consagración de la Primavera y Pulcinella. Luego llegó Bolero con música de Ravel. Esta coreografía era todo un ritual íntimo, donde cada intérprete creaba su propio universo psicológico. En un principio la coreografía montó con una chica que bailaba sobre una mesa rodeada de chicos. Más tarde, Béjart invirtió los términos y subió a un chico en la mesa. Este chico sería una de las personas más importantes en su vida personal y artística: Jorge Donn. Para él Béjart montó otras coreografías como Aubade y Las Bodas.
En 1970 Béjart funda la escuela Mudra que iba a ser una de las grandes metas de todos los estudiantes de danza. Era un centro donde se aprendía a ser uno mismo. La base era la enseñanza de danza, sin olvidar el canto, el yoga, la expresión corporal y el arte dramático.
Durante esta década crea piezas tan importantes como El Pájaro de Fuego o Nijinsky Clown de Dieu. Sus adversarios atacaban sus argumentos filosóficos exagerados y su utilización caballeresca de la música, pero atrajo a muchas y excelentes estrellas, incluidos Rudolf Nureyev, Peter Schaufuss, Maia Plisiétskaia y Suzanne Farrell.
Hace ahora 20 años, Béjart deja Bruselas y disuelve El Ballet del Siglo XX por discrepancias administrativas y se cierra su Escuela Mudra (por la que pasaron varios españoles). Se traslada a Lausana, donde funda una nueva compañía, el Béjart Ballet Lausanne.
Atrás queda mucha historia: sus encuentros con todos los grandes bailarines del siglo XX, su agitada, larga y pasional relación con el bailarín argentino Jorge Donn, a quien le dedicó la que probablemente sea la última de sus grandes obras corales, con los diseños de Gianni Versace, la voz de Freddy Mercury y la música de Queen: Le Presbytère.
Prolífico, ecléctico a su manera, comprometido con su tiempo en lo político y lo social, revisor constante de su propia obra hasta una verdadera obsesión por la autocitación, el estilo de Béjart es un compendio donde atienden musicalidad y espiritualidad

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